domingo, enero 27, 2008

Las burbujas no son para siempre

Ya no es "noticia fresca", pero no puedo dejar de comentar aquí el artículo en Ciudad Ciclista sobre el accidente de Amarilis Horta y la discusión que le sigue (que, cómo no, también toca la arista de la relación con los medios).

Fuera de los comentarios, del autor y de los lectores, que pudieran considerarse sarcásticos o de mala fe (o simplemente parte de la "guerra civil" que el activismo ciclista chileno sufre desde hace un tiempo), y más allá del caso particular que, para bien o para mal, nos trae a colación un problema general, quisiera rescatar un párrafo que en mi opinión resume el meollo del asunto:

¿Cual es la causa real del accidente, y cual es la manera de evitarlo? Por parte del automovilista, lo correcto es señalizar con antelación su giro,y acercarse todo lo posible, también con la suficiente antelación, al borde derecho para impedir que cualquier vehículo le intente adelantar por la derecha mientras gira. Por supuesto, el automovilista no puede hacer eso porque entonces estaría... invadiendo el carril-bici. Por parte del ciclista, lo correcto es alejarse del borde (hacia el centro del carril, si es que no estaba circulando ya por él) con la suficiente antelación para que todos los automovilistas entiendan que va a atravesar el cruce hacia adelante, y para impedir que algún algún automovilista despistado le adelante y se le cruce en el último momento. Por supuesto, el ciclista incauto va a intentar no hacer precisamente eso, porque eso significaría... salir del carril-bici (además, si el carril-bici tiene una franja de cemento "protectora", le resulta imposible hacerlo).

Esta situación, enumerada en uno de los diez consejos básicos para evitar accidentes mencionados en el artículo, también es descrita en el excelente manual de ciclismo vehicular Bicycling Street Smarts en el capítulo dedicado al cruce de intersecciones no convencionales.



Entonces, si el sencillo ejercicio de cruzar líneas de trayectoria y de visión nos muestra claramente la opción menos conflictiva y por tanto más conveniente, a qué se debe esta tendencia del ciclista a permanecer en la posición más vulnerable. Según comenta Claudio:

Sucede que mucha gente confía en las ciclovías segregadas físicamente. Sienten protección al [creer] que el auto no los puede invadir. En esa bien denominada “burbuja feliz” los ciclistas no desarrollan habilidades motoras, perceptuales y las que permiten visualizar eventos, dependiendo de los actores que se encuentran en la calle.

Eso explica, al menos en parte, el motivo y las consecuencias. Ni siquiera quiero discutir aquí si las ciclovías en general son buenas o malas. Como dice Víctor Hugo Romo en los comentarios, este accidente le puede pasar a cualquiera. Y esto es justamente lo que más me preocupa: asumiendo que las ciclovías seguirán sumando kilómetros con un diseño de segregación que se prolonga hasta la intersección misma (¿hay ejemplos de lo contrario, al menos en Santiago?), y puesto que el uso de la ciclovía donde la hubiere es obligatorio por ley, nos será casi imposible realizar la maniobra más segura. Da lo mismo el nivel de experiencia. O la segregación física hará impracticable la maniobra, con el riesgo que esto implica; o nos veremos en la obligación de ir contra la ley dejando la ciclovía para ocupar el centro del carril, lo cual en el caso menos probable de un accidente nos dejará en desventaja legal. Existen diseños alternativos que buscan reducir el conflicto, pero eso ya es rizar el rizo. Como bien recalca Txarli en un comentario al final:

Lo único que puede minimizar la inseguridad de los ciclistas en ciudad es un estilo correcto de conducción de la bicicleta en las mismas vías en las que circulan los automóviles.

Si la infraestructura no permite esto, e incluso lo desalienta, que no nos extrañe seguir escuchando el ruido de "burbujas felices" reventándose.

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