sábado, febrero 02, 2008

Un gato es un gato es un gato es un gato

El gato negro sin nombre adorna la ventana del cuarto. Mi gato se ha tornado objeto estético, como el candelabro, como cuando digo “mi gato”. Olvido por un momento el intenso olor a mierda y orina que emana de la cajita con tierra reservada para él. Olvido que el espécimen necesita comida especial y agua, también afecto. Como si quisiera recordármelo, salta a la cama, se me acerca, se refriega en mí buscando caricias y en el acto lanza un podrido pedo. Este espontáneo gesto de soberana independencia me evidencia al fin que el gato nunca me perteneció y punto.